Carabaña y su historia.

También se han encontrado restos de una población visigoda, en los siglos VI y VII, lo que incluye una necrópolis, localizada en el citado cerro de Cabeza Gorda. Tras la invasión de tribus agarenas provenientes del norte de África, la tierra quedó, como la mayor parte de la Península, en poder musulmán por los siguientes siglos.
La Tierra fue reconquistada en el siglo XI, siendo rey Alfonso VI. Carabaña formaba parte del alfoz complutense, como aldea dependiente de la villa de Alcalá. En el siglo XII, el rey Alfonso VII dona estas tierras al arzobispado de Toledo, bajo cuya jurisdicción quedan. Esta es una de las poblaciones que Alfonso VIII donó al Concejo de Segovia en 1190, como pago por sus servicios; cediendo, en compensación, la población de Talamanca al arzobispado. Pero en 1214 el rey decide deshacer el trato, y restituye al arzobispado toledano las aldeas anteriores, recuperando Talamanca. Los arzobispos de Toledo otorgan fueros, desde D. Raimundo en adelante. Uno de sus sucesores en la sede toledana, D. Rodrigo Jiménez de Rada, otorga en el siglo XII el ‘fuero extenso’ a la villa de Alcalá, y otro a las aldeas, lo que incluía a Carabaña. Ese fuero, que estará en vigor por varios siglos, será sustituido a principios del siglo XVI por el Fuero Nuevo, dado por el Cardenal Fray Francisco Jiménez de Cisneros, en febrero de 1509; un fuero único, actualizado, que habría de regir sobre la villa de Alcalá y su alfoz.

Carabaña obtiene el título de villa en el año 1557, siendo rey Felipe II. No obstante, permanece bajo la jurisdicción del arzobispo de Toledo hasta 1578, cuando pasa a ser de realengo y depender de la Corona. Tras pasar por varias ventas y diferentes señores, los Vega llegan a ser titulares del Señorío de la villa en 1625, así como también de Orusco y Valdilecha. Mantienen su jurisdicción hasta que, a principios del siglo XIX, las Cortes de Cádiz legislan la abolición de los Señoríos, con lo que desaparece el tradicional vasallaje. Carabaña pasa, como el resto de poblaciones, la nueva frontera hacia tiempos mejores.
A principios del siglo XX registraba la Enciclopedia Espasa que, en Carabaña, “el terreno es de regular calidad, con algunos montes poco poblados de roble y encina, bañándole el río Tajuña que corre a unos 200 m. de la población, teniendo para su paso un hermoso puente con cinco arcos de piedra de sillería. Las aguas de dicho río riegan buena parte de los plantíos y sirven de fuerza motriz á varios molinos. La producción es abundante en cereales, vino, aceite, legumbres, frutas, hortalizas y cáñamo, criando ganado lanar, vacuno y mular. Fábricas de aguardientes, tejas y ladrillos, esteras, tejidos, harina, batanes y yeserías. Aguas minerales sulfatado-sódicas purgantes, que se recomiendan contra las afecciones del estómago, hígado y bazo y contra las enfermedades propias de la mujer.”
En el escudo de Carabaña (aprobado el 5 de marzo de 1987, B.O.C.M., de 17 de marzo de 1987) se alude en su parte superior a las armas de los Vega, que fueron señores de Carabaña, Orusco y Valdilecha; en la mitad inferior, se hace alusión a la fuente existente en la Plaza Mayor del pueblo, del siglo XVIII, y a la importancia de la riqueza obtenida por el tradicional cultivo de olivos y almendros.
Durante la Guerra Civil (1936-1939), el hotel fue ocupado por el Estado Mayor del Ejercito Republicano. Permanecen todavía la fábrica de embotellado (edificio del siglo XIX), la central eléctrica y los restos del balneario de aguas de Carabaña. La fábrica de embotellado ha sido rehabilitada como albergue juvenil. La central eléctrica de Chavarri se halla enfrente. Gracias a la fuerza de las aguas del Tajuña, suministraba la energía necesaria para el conjunto de instalaciones. Esta central se había levantado en el lugar que ocupara un antiguo molino harinero. También próximo a los anteriores, se halla el apeadero ferroviario de Chavarri, desde donde se expedía el agua embotellada. Se trataba de un muelle de uso exclusivo para carga de las botellas de agua de Carabaña.

Otras construcciones de interés son el puente, de sillería labrada, que cuenta con cinco arcos y se levanta sobre el río Tajuña, obra del siglo XVII, y los molinos del Cisne y del Tejado.

escudo

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