Berta, ahora ya no serás tú, ahora eres millones

Berta, compañera, amiga, hermana:

Para entenderme mejor a mí mismo y saber quién soy y por qué soy así, necesito repasar mi historia reciente, y, para ello, necesito recordarte, por qué eres una de mis grandes maestras. Por allá en el 2006, todo el mundo hablaba de la lucha del Copinh y de Berta Cáceres. Estábamos en Chiapas. Trabajando en la nueva iniciativa del EZLN, la Sexta Declaración. Mi compañera y yo decidimos ir a recorrer Centroamérica, otra vez, para conocer más de cerca a las que luchan contra la muerte, a las que luchan por la vida. Tras varias semanas de visitar muchas organizaciones populares de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, difundiendo los documentales que hacíamos en Chiapas y aprendiendo de las luchadoras centroamericanas, llegamos a Honduras, a La Esperanza. A tu Esperanza. El pueblo que tanto te ama. Recuerdo que llegamos a la sede delCopinh, y allá estabas tú, coordinando una nueva acción de lucha. El Gobierno de Honduras acababa de liberar, como consecuencia de la gran lucha de solidaridad encabezada por vosotras, las copines, a los hermanos Marcelino y Leonardo Miranda, también indígenas copines. El mismo día que llegamos a La Esperanza, acababan de salir de la cárcel. Tú estabas coordinando la caravana de compañeras indígenas y luchadoras internacionalistas que acompañaríamos esa misma noche a los Miranda a su comunidad, Montaña Verde, territorio Copinh. En cuanto nos conocimos, nos pediste que nos uniéramos a la caravana de acompañamiento de los compas. En una caravana con internacionalistas hay menos posibilidades de que nos atacaran. Tres años y medio estuvieron presos por defender su territorio donde habitan desde hace miles de años.

Berta Cáceres fundó en 1993 el COPINH junto a una docena de compañeros y compañeras para defender los territorio indígenas / © Goldman Environmental Prize

Caminamos durante siete horas, de noche, lloviendo y sin luz. Atravesando montañas llenas de vida. Doña Pascualita, mujer lenca, líder también del Copinh, que nadie sabe (ni ella) la edad que tiene, marcaba el paso, como siempre, descalza. Por fin, después de mucho caminar, llegamos a Montaña Verde. El reencuentro de los Miranda con su comunidad. Tremenda alegría. Celebraciones indígenas lencas. Compartiendo alegrías, solidaridad, amor. Recuerdo cuando tuviste que acompañar a tu mamá a Cuba, estaba muy enferma. Existen muy pocas posibilidades de que una latinoamericana humilde sobreviva a una grave enfermedad. Cuba es la salvación para muchas. Después de tres meses compartiendo el pequeño apartamento habanero con mi compañera, tu mamá se curó. Hoy sigue luchando.

Tres años después, el 28 de junio de 2009, unos militares de élite secuestraron al presidente de Honduras, Manuel Zelaya, la noche antes de que se realizara la consulta no vinculante sobre la posibilidad de abrir un proceso constituyente y elaborar una nueva constitución. Se lo llevaron a la base militar estadounidense de Palmerola, ubicada en el corazón geográfico de Honduras y de allí lo sacaron a Costa Rica en pijama. El golpe militar se había efectuado. Yo estaba en Caracas. Acabamos de terminar, con la Cooperativa Audiovisual La Célula, un documental sobre la rebelión popular del 27 de febrero del 89, conocida como Caracazo. El primer alzamiento contra el neoliberalismo. Tres mil muertos enterraron la rebelión. Esa rebelión fue el inicio de la Revolución Bolivariana, según Chávez, su líder. Me levanté esa mañana y rápido me comunicaron que había un golpe de estado en Honduras. En mi mente solo existía la posibilidad de ir a defender la democracia en tu/nuestra amada Honduras. A los dos días, llegamos a Tegucigalpa.

Dejamos la mochila en la pensión del centro y nos fuimos a una plaza donde había llegado la masiva manifestación pacífica de la Resistencia. Y ahí nos volvimos a ver. Estuvimos conversando un rato, marcando una reunión contigo y las otras dirigentes copines para esa misma noche. Grabé algunos discursos y consignas y nos retiramos al hostal. Pocos minutos después de haber llegado al hostal, nos cayó la policía. Cuando esto sucede en una situación de golpe de Estado, pues uno se acojona. Nos habían seguido. Nos vieron conversando contigo, que te tenían muy fichada y nos siguieron al hostal. Qué pardillo era yo entonces.  Nos pidieron los pasaportes y nos ficharon, pero nos dejaron libres, para ellos éramos “prensa internacional”. Minutos después, cambiamos de ubicación.

Empezamos a coordinar los medios comunitarios contigo. Había que derrocar a la dictadura. Denunciar la violación sistemática de Derechos Humanos. Nuestra lucha era (y es) pacífica, teníamos que meterle mucha imaginación. ¿Y quién mejor que tú para leer la coyuntura de ese momento? En una situación extrema, como fue el caso en el golpe de Estado en uno de los países, de por sí, más peligrosos del mundo, la relación de amistad y solidaridad con las compañeras de lucha en el día a día es muy profunda. Todas nos cuidábamos las unas a las otras. Éramos conscientes de la fuerza brutal que tenía el enemigo y, sin embargo, nunca abandonamos la sonrisa y la alegría. Tú siempre andabas echando bromas y eso nos subía el ánimo y despejaba los miedos.

Pero fue el día que homenajeamos a Isis Obed, el joven de 19 años asesinado por los militares días antes frente al aeropuerto de Tegucigalpa, que empecé a darme cuenta de algo especial que tú emanabas. Estabas dando un discurso ante miles de personas, yo estaba grabando con la cámara a pocos metros de ti, y sentí en tu voz, en tus palabras, en tu mirada y en tu energía toda, una fuerza arrolladora que venía de la profundidad de la historia. Esa voz no era tuya, Berta, esa era la voz de los millones de indígenas rebeldes que durante más de 500 años resistieron y resisten a la sinrazón. Cargabas en ti una fuerza descomunal. Con esa fuerza ancestral exclamaste: “¡Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos!”, en honor al joven asesinado. Era julio de 2009. Cada comparecencia, cada discurso y cada acción tuya tenían una fuerza que te/nos hace invencibles. Yo y todas las compas que estábamos a tu lado nos sentíamos seguras, pero los dueños del dinero te tenían y te siguen teniendo pánico.

Dos semanas después de muchos palos y gases lacrimógenos, estábamos en la frontera con Nicaragua, Zelaya estaba al otro lado de la frontera y miles de compas se desplazaron de todo el país para escoltarlo. Muchos compas del Copinh y Ofraneh venían caminando por las montañas cientos de kilómetros para encontrarse con el presidente depuesto. Cuando llegasteis a la zona donde estábamos concentradas todas los compas, con los pies en sangre viva y exhaustas, nos abrazamos. A los pocos minutos un compa me llama desde Tegucigalpa diciéndome que tenía una información sobre que esa misma noche iban a caerles a los líderes del Copinh y del Ofraneh. Y ya era de noche. Había toque de queda y estaba prohibido circular de noche por ese pueblo llamado El Paraíso. Entre los medios comunitarios que estábamos allí y vosotras montamos una operación para esconderos en algún lugar seguro. Nos quedamos en la casa de unos compas que nos resguardaron. Toda la noche con la cámara y el móvil preparados por si entraban a por vosotras. La noche anterior en ese mismo pueblo habían asesinado a un compa con decenas de puñaladas en el pecho. El poder nos seguía advirtiendo.

Nos levantamos temprano y salisteis cruzando las montañas junto a toda vuestra gente bella hacia Nicaragua, donde os encontrasteis con Zelaya. Quién sabe qué hubiera ocurrido si el presidente depuesto os hubiera hecho caso. Tal vez hubiéramos ganado esa batalla. Cuando veo a las indígenas (Copinh) y a las garífunas (Ofraneh) hermanadas siento una emoción inmensa. Culturas tan diferentes con dolores comunes luchando juntas. Y así pasaron los meses y nosotras resistiendo, pero el golpe de Estado, a pesar de tanta lucha y tantas muertes, se consumó. Las pocas familias dueñas ilegítimas de Honduras se frotaban las manos. La oligarquía latinoamericana sentía admiración por esos gorilas y planeaba acciones violentas en sus respectivos países. A la CIA le salió bien esa jugada. Los tecnócratas empezaban a elaborar el modelo económico que iban a experimentar en Honduras. Ganaron una batalla. Pero yo nunca había visto una toma masiva de conciencia en tan breve periodo de tiempo. Millones de personas sentimos la fraternidad, la solidaridad y el amor en ese caminar incesante. Y eso genera conciencia. Aún no perdimos la guerra, digo la Tierra.

Cuántas veces nos amenazaron, nos persiguieron, nos acosaron, nos dispararon… Saliste ilesa de mil batallas. Cuántas veces te he visto con la cara y ojos hinchados por los gases lacrimógenos… Y tu rabia y tu amor envolvían a millones de excluidas del presente y de la Historia, de tu país y del mundo. Pocos meses después ya habíamos editado, fuera de Honduras, todo lo grabado durante los seis primeros meses del golpe de Estado. Hicimos una serie de tres documentales, Morazanistas. Y la difundimos por ViveTV y el Sistema de Medios Públicos de Venezuela. De los pocos medios que se interesaron por denunciar la violación de Derechos Humanos ocurrida en Honduras de manera objetiva y contundente. Tenía que introducir la serie en Honduras, pero sabía que me la estaba jugando. En esa serie apareces como piedra angular, como una de las grandes líderes de la Resistencia hondureña. Para mí, la líder indiscutible. Entré al país con la serie y se la regalamos a los dos únicos medios masivos que no apoyaban la dictadura. En uno de ellos lo pusieron y, en mitad de la emisión, salió la imagen de antena. Censura, es decir… propaganda. A los pocos días, miles de vendedores ambulantes estaban vendiendo el documental que yo les había regalado. En Honduras no todo el mundo tiene acceso fácil a internet, y ese acceso se limita mucho más en las zonas rurales. Y locos de nosotros, nunca lo difundimos por internet. Ahí les va.

Al mismo tiempo que difundíamos la serie mano a mano por las organizaciones populares del país, grabamos una serie de reportajes sobre los diferentes movimientos populares que visitamos. Honduras desde adentro se llama la serie de cinco. El cuarto reportaje es sobre el Copinh. Vuelves a ser el pilar central del reportaje. Como lo difundían por la TV y muchos de las organizaciones campesinas e indígenas no tenían Internet en sus comunidades, nunca la difundimos en la red. Grave error. Ahí va.

Y nos volvimos a ver. Qué alegría tan grande. Esta vez estabas en tu territorio, La Esperanza, y no en la capital. Te sentías más a gusto, más tranquila. Era 2010. El estreno de Morazanistas fue organizado por el Copinh en La Esperanza, en la inauguración del Encuentro Nacional de los Pueblos Indígenas y por la Refundación del país. Cientos de líderes indígenas hondureños eran los primeros que veían la serie. Me quedé casi un mes con vosotras y tuvimos mucho tiempo para conversar, analizar, reflexionar, trabajar. Recuerdo que te decía medio en broma pero serio: “Cuando hagamos la Revolución, tú serás la Comandanta en Jefa”. Tú te reías. Cuántas veces te reías al día, amiga. Los territorios indígenas de Honduras son uno de los lugares del mundo que he estado donde he visto más miseria. Cuánta hambre y exclusión sufre tu gente. Y a pesar de la dureza de la situación, tú nunca perdías la sonrisa. Intuyo que sabias que Venceremos. Tu sabiduría milenaria tenía la certeza.

Recuerdo bien cuando me propusiste trabajar con el Copinh en las comunidades indígenas. Me dijiste: “Hermano, quédese a trabajar con nosotras”. Yo te respondí: “Dame un chancito, compa, que resuelva unas vainas y nos venimos para acá”. La vida me ha llevado de un lado a otro y, por ahora, no he podido regresar a trabajar en vuestros territorios. Aunque mucho he difundo vuestra digna lucha. Tenía tantas ganas de que conocieras a mi hija… Pero yo no le hablaré de Spiderman, Superman o Rambo; le hablaré de Berta Cáceres. A mi hija y a mis nietas. Y a toda mi gente. Les inculcaré los valores que tú me inculcaste.

Compañera, amiga, hermana, ya no eres tú, ahora eres nosotras. La noche que te asesinaron estabas junto al compa y amigo Gustavo Castro. El poder tenía tanto miedo que te mató. Gustavo volvió a nacer. Toda mi solidaridad para ti, Gustavo, hermano. Qué bueno que te tenemos con nosotros. Qué importante eres para las transformaciones social. Mientras escribo estas palabras, Gustavo es retenido por el Gobierno de Honduras sin dejarlo regresar a su país. Su vida corre grave peligro, pues es el único testigo de tu asesinato. ¿Cómo va el Gobierno hondureño a investigar tu asesinato si son cómplices? Si nunca investigó los asesinatos de tanta gente bella que cayó en el camino. Si son los títeres de los amos del país y del capital trasnacional. Si son los que venden Honduras a las trasnacionales.

Berta amiga, quiero ir atando cabos. En el 2002 entrevisté a Gustavo en Chiapas para un documental sobre el Plan Puebla Panamá, llamado La conquista sigue. Gustavo tenía una tesis muy interesante. Él decía que la tendencia del capitalismo era trascender el modelo neoliberal hacia un modelo corporativo, donde las empresas trasnacionales serán las que rijan el destino de los pueblos y el Estado tendería a desaparecer. Me explicaba que el neoliberalismo se implementó primero en la Chile de Pinochet. Se necesitaba un gobierno autoritario y asesino para poder experimentar un nuevo modelo económico. Chile fue el laboratorio. Poco después, Thatcher y Reagan lo esparcieron por el mundo, siendo este modelo el que rige nuestras vidas en la actualidad. Cuando Gustavo me explicaba todo esto, aún faltaban varios años para que se efectuara el golpe de Estado en Honduras. Cuando triunfó el golpe en Honduras se empezó a experimentar ese modelo corporativo del que Gustavo me hablaba ocho años antes. El laboratorio es tu país.

Berta, hermana, tú estabas en la primera trinchera de combate contra un nuevo modelo económico que se intenta implementar en el mundo. El proyecto Agua Zarca, represa que quieren construir en el Río Gualcarque, en territorios lenca, es la materialización de ese modelo. La empresa DESA y el Gobierno hondureño, los vasallos de ese modelo. El capital trasnacional, el autor intelectual de tu asesinato.

Berta amiga, yo sé quién te asesinó. Su nombre es Capitalismo y sus apellidos Racismo y Patriarcado. Tú luchabas contra los lobos de Wall Street, contra el Banco Mundial y el FMI, contra el imperialismo gringo, europeo y chino y contra los señores feudales dueños ilegítimos de tu país. ¿David contra Goliat? No, Berta, contra esos estúpidos hombres blancos: los amos del dinero, los amos del mundo. Los padrinos de la gran mafia mundial. Esos mismos que asesinaron a Zapata, Sandino, Durruti, Che, Malcom X, Chávez. Y tú, amiga, la diferencia que tenías respecto a estos revolucionarios es que tú eres Revolucionaria. Pocas diferencias más.

La barricada, compuesta por indígenas lencas rebeldes, que impedía acceder por la carretera a las máquinas de destrucción ambiental, cerraba la carretera pero abría el camino. Y ahí estuvisteis casi dos años abriéndonos el camino a las que amamos la vida. La represa de Agua Zarca no se construyó, pero esa batalla la seguimos dando, aún no la tenemos ganada.
Presas que bloquean ríos, inundan territorios indígenas y campesinos arrasando con el bosque, la selva y las comunidades. ¿Para qué? Para generar luz eléctrica. La mafia de las eléctricas.
Estos megaproyectos ultradesarrollistas generan muerte. Para muestra, un botón: Turquía construyó varias presas en unos ríos que fluían hasta Irak y Siria. Los campesinos sirios se vieron privados del agua para regar sus campos. Si a eso sumamos la sequía brutal que atraviesan los países del Mediterráneo como consecuencia del cambio climático, el agua dejó de fluir y esos campesinos sirios se jodieron. Aprovechando este descontento, los grupos terroristas financiados por Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes (íntimos de los gringos y borbones) empezaron una guerra brutal con consecuencias dramáticas. Cientos de miles de muertos y refugiados a los que Europa les cierra la puerta y mueren ahogados en el mar. Mientras, el complejo industrial-militar de Estados Unidos vendiendo armas a gogo.

Estoy atando cabos. Represas, desplazados, asesinados… Un planeta que se cae a pedazos…
En 1936 asesinaron en España a Federico García Lorca, era una de las personas más conocidas internacionalmente de ese país.  Los militares fascistas se habían alzado contra la democracia republicana. Los altos mandos militares dieron una señal: si matamos a este, de aquí pa’bajo, cae todo el mundo. Y así fue. Amiga, ¿nos estarán enviando una señal? ¿Tanto miedo tienen?
Millones de personas te sienten en falta. El mundo se ha volteado por tu desaparición física. Las que no te conocían están indignadas, las que te conocíamos sentimos una gran tristeza en nuestra alma, un dolor profundo en nuestro corazón y una rabia inmensa que vamos a canalizar en organización y lucha por la defensa de nuestro planeta. Nunca antes la humanidad tuvo un problema tan grande: la destrucción del medio ambiente, para fabricar productos suntuarios, está acabando con la vida del planeta. Esto va más allá de la ideología. Ahorita luchamos por la liberación de los pueblos, pero luchamos también por la supervivencia de la Tierra. Es una lucha sin cuartel.

Tú estabas en la primera línea de combate. Siempre. Cuando te dieron el premio Goldman, me sentí más tranquilo. Le dije a los compas: “Se jodieron, ahorita es más difícil que la maten. Me equivoqué”. Para mí, hay un antes y un después del 3 de marzo de 2016. Es un punto de inflexión en mi vida. Esta gran movilización mundial repudiando tu asesinato ¿generará un punto de inflexión para el mundo? ¿Será que has tenido que morir para que miles de millones vivamos?

Compañera, amiga, hermana, cómo echo de menos estar en la cocina de la casa de tu maravillosa mamá comiendo esos frijolitos y conspirando contra la muerte y en favor de la vida. Cómo echo de menos conversar contigo y tus cuatro hijas sobre miles de temas interesantes. Desaprendiendo. Cómo echo de menos estar contigo en una asamblea, en una manifestación, en un corte de carretera, en un concierto por la paz… Cómo echo de menos estar frente a ti cuando lanzabas un discurso potente, intentando no temblar de emoción para que mi cámara estuviera firme enfocando la dignidad rebelde, el corazón de la historia.

Berta, púchica, cómo te echo de menos… Derramando lágrimas mientras veo las fotos de tu entierro que nos envía el compa Giorgio, gran periodista de las de abajo. Qué emoción tan grande siente mi corazón cuando ve y escucha a tus hijas Olivia, Bertica, Laura, Salvador y tu mamá, doña Berta. Eres ellas. La profundidad de la historia, la dignidad rebelde, los 500 años están en su voz, energía, mirada, palabras: “Su lucha no era solo por el medio ambiente sino por el cambio de sistema, en contra del capitalismo, del racismo y el patriarcado”.

Hoy decimos ¡Basta! Hoy llamamos más que nunca a construir con fuerza, con alegría, ilusión y esperanza un mundo donde quepan muchos mundos. La justicia caerá tarde o temprano contra los autores materiales e intelectuales de tu asesinato. Haremos toda la fuerza para que así sea. “¡Basta ya de impunidad!”, te oí exclamar miles de veces. ¿Será que has tenido que morir para desenmascarar a toda la mafia saqueadora? Nada para nosotras, amiga. Todo para todas. Ya somos zapatistas, sandinistas, guevaristas, fidelistas, chavistas. Ahora seremos también Bertistas. Con la fuerza de Lempira, Mota, Itempica y Berta, se levantan nuestras voces llenas de vida, justicia, dignidad y paz. Berta, ya no serás tú, ahora eres nosotras.

De tu compañero, amigo y hermano, Josete Gayà.

* José Gayà es un cineasta alicantino, miembro fundador del Colectivo Miradas, una productora independiente que ha trabajado durante más de una década en América Latina acompañando y documentando luchas populares por derechos y justicia. Recientemente ha dirigido el documental Cuando las gotas se hacen lluvia, un retrato colectivo de las luchas populares de los pueblos del estado español contra la agenda neoliberal.