Cuando se buscó petróleo en Carabaña.

El 6 de junio de 1964, a las doce menos cuarto de la mañana, brotó petróleo por primera vez del suelo español. Fue en Burgos, en la localidad de Ayoluengo, situada en una zona que había sido objeto de prospecciones desde principios del siglo XX y que se sospechaba que podía albergar yacimientos.

No tardó en proliferar por España el interés por hacer exploraciones subterráneas en busca de oro negro, y Madrid no fue una excepción. La Comunidad (entonces aún denominada provincia) siempre estuvo retrasada en la búsqueda de estos recursos bajo tierra, ya que hasta los años sesenta solo se había realizado una búsqueda previa en Alcalá de Henares, en 1920, y de solo 1.000 metros de profundidad, cuando el mínimo en el que se puede encontrar petróleo se suponía en 1.500 metros.

Fueron dos las concesiones que se otorgaron. La más grande, de casi 42.000 hectáreas, englobaba prácticamente todo lo circundante a la carretera que unía Madrid y Valencia, la actual A3, desde Arganda hasta el kilómetro siete de dicha carretera. Según la crónica de ABC de la época, «pleno corazón de Vallecas, hasta las mismas tapias del cementerio de la Almudena». Poco parecía importar entonces el impacto medioambiental y el riesgo que hubiese supuesto «plantar» un campo petrolero a siete kilómetros de la Puerta del Sol.

La concesión más pequeña, de más de 25.000 hectáreas, comprendía un área limitada por Arganda al norte, Chinchón al sur y Carabaña al este. Allí fue donde se instaló el primer pozo, en Tielmes. ABC desplazó a esa población a un reportero y a un fotógrafo, que dieron cuenta del entusiasmo local por lo que podría haber sido su «Mr. Marshall» particular. Millones de pesetas por la venta de sus tierras a corporaciones que se las rifarían al comenzar a brotar petróleo de un agujero en el suelo.

En la capital el entusiasmo por las perforaciones no era menor. El cronista de este periódico, Manuel Adrio, consignaba que «quién sabe si traerán a la superficie el suficiente ‘oro negro’ para convertir a Madrid en la capital del petróleo, sucediendo con ello a Burgos», en referencia al hallazgo de petróleo en dicha provincia el año anterior.

El pozo de Tielmes, de 3.000 metros de profundidad, resolvió pronto la incógnita: no había nada. Las condiciones geológicas parecían ser favorables para la formación de hidrocarburos, pero ese hecho no se había producido. El entusiasmo generalizado en toda España fue decayendo con los años y cada vez se realizaron menos exploraciones.

A finales de 1965, ABC también daba cuenta de una esclarecedora conferencia de Ruperto Sanz, ingeniero jefe de Campsa, organizada por el Club Español del Petróleo. Esclarecedora porque admitía que pese a las numerosas prospecciones por toda España, solo el consabido yacimiento de Burgos podía ser explotado comercialmente y cubría una mínima parte del consumo nacional, que subía un millón de toneladas cada año. Cada vez había más coches y más demanda energética y España tenía una sed de petróleo imposible de saciar internamente.

En la actualidad, la producción nacional de petróleo es «prácticamente testimonial», siendo de menos del 0,24% del consumo total de España según ACIEP, la «Asociación Española de compañías de investigación, exploración y producción de hidrocarburos y almacenamiento subterráneo».

Pese a los trabajos realizados, el territorio español se considera muy poco explorado y con potencial para descubrimientos. No en vano, desde los años 70 no había tanto interés exploratorio: desde 2008 se ha triplicado el número de solicitudes de exploración.

Descubrir nuevos recursos energéticos sería crucial para Madrid, comunidad que, por ejemplo, consume cien veces más electricidad de la que produce.

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