Por qué el voto al Senado es tan importante este año y cómo hacerlo “estratégicamente”

El Senado en España es siempre el gran olvidado. Las encuestas de intención de voto dan estimaciones para el Congreso de los diputados pero del Senado apenas se habla. Y esto es porque normalmente el Senado no importa mucho.

Según explica la propia página web del Senado, la tramitación parlamentaria de un texto legal normalmente comienza por el Congreso (y aunque no es necesario, normalmente a propuesta del Gobierno). El texto se debate, se enmienda y va al Senado. Ahí se hacen cambios (aprobados por mayoría simple) o se veta (por mayoría absoluta). Pero luego el Congreso de los diputados tiene la última palabra: cualquier cosa que diga el Senado sobre una ley puede caer en saco roto si el Congreso así lo quiere.

Sin embargo hay situaciones en las que el Senado es importante. Por ejemplo elige a cuatro de los doce magistrados del Tribunal Constitucional y a diez de los veinte vocales del Consejo del Poder Judicial.Y existen dos casos en el que el Senado tiene mucho poder: cuando se intenta reformar la Constitución y cuando se tiene que intervenir en una Comunidad Autónoma.

Procedimiento para reformar la Constitución

En España hay dos procedimientos de reforma constitucional: el “simple” y el “agravado”. El procedimiento simple es el que hasta ahora se ha usado en las dos reformas constitucionales que hemos tenido desde 1978.

El procedimiento simple se usa para reformar cualquier parte de la Constitución excepto el Título preliminar (dice, entre otras cosas, que España es una democracia y que es indivisible), al Capítulo segundo, Sección 1ª del Título I (derechos fundamentales y las libertades públicas), o al Título II (la Corona). En este procedimiento la reforma se tiene que aprobar por mayoría de tres quintos en ambas cámaras. Si no se logra esto tendría que formarse una comisión paritaria de Congreso y Senado que propongan un nuevo texto. Si no hay acuerdo todavía se puede aprobar la reforma, pero se necesita mayoría absoluta en el Senado y mayoría de dos tercios en el Congreso.

En el caso de reforma “agravada” de la Constitución la reforma deberá ser aprobada por mayoría de dos tercios en Congreso y Senado, se disolverían las cortes y habría nuevas elecciones. El nuevo Congreso y Senado deberían aprobar de nuevo por dos tercios la reforma y para que se apruebe definitivamente la nueva Constitución tendría que aprobarse en referéndum.

Es decir, en el caso de una reforma constitucional el Senado tiene mucho poder de bloqueo, y todos sabemos que la próxima legislatura todos los partidos tienen propuestas de reforma constitucional. La situación en Cataluña es ahora mismo un problema y una reforma constitucional podría ser la salida, ya sea para dar más autogobierno o para permitir un referéndum de autodeterminación. Si un partido logra una mayoría de bloqueo en el Senado podrá imponer su criterio o frenar iniciativas de otras formaciones.

Intervención de una autonomía

De nuevo nos encontramos con el problema de Cataluña. Llevamos tiempo oyendo hablar de que el Gobierno podría usar el artículo 155 de la Constitución para intervenir en Cataluña, quitando competencias al Parlament si desobedece leyes o incluso al Gobierno de la Generalitat.

El artículo 155 de la Constitución española es breve y conciso: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

Como vemos, antes de una intervención hay una condición previa: una mayoría absoluta en el Senado. Aunque este artículo nunca se ha aplicado en España y de momento no parece haber intención de usarlo, una mayoría de bloqueo podría poner las cosas difíciles al Gobierno en el caso de que quiera intervenir.

¿Cómo se eligen los senadores?

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El Senado se elige de una forma mixta: elección directa y elección indirecta. La parte directa la elegimos este domingo, junto con las elecciones al Congreso de los diputados, la papeleta naranja. Y la parte indirecta cae en manos de las Comunidades Autónomas: cada Comunidad Autónoma elige un Senador, y otro más por cada millón de habitantes que tenga (por tanto es un número que cambia legislatura a legislatura según la variación de la población). El mecanismo de elección de estos senadores está regulado en los Estatutos de Autonomía de cada Comunidad. Ahora mismo hay 58 senadores elegidos por Comunidades Autónomas.

La elección directa es una votación en lista abierta en la que se eligen 208 Senadores. De casi todas las provincias salen 4 Senadores. En las islas el sistema es algo distinto, la circunscripción no es provincial sino por isla y por tanto en las islas mayores (Gran Canaria, Mallorca y Tenerife) se eligen tres Senadores y en las islas menores (Ibiza-Formentera, Menorca, Fuerteventura, Gomera, Hierro, Lanzarote y La Palma) un Senador. En Ceuta y Melilla se eligen dos Senadores en cada una.

En Ceuta y Melilla cada votante tiene que elegir dos Senadores de la papeleta y en las islas menores uno. Por tanto es un sistema en el que el partido más votado se lleva todos los Senadores (aunque no hay obligación de votar a los dos Senadores del mismo partido, recordamos, son listas abiertas). En el resto de circunscripciones el votante tiene un número de votos que corresponde al número de Senadores a elegir menos uno. Es decir, en las provincias en las que se eligen cuatro Senadores hay tres votos y en las islas mayores dos votos. La elección de Senadores es muy sencilla, no hay regla d’Hont ni nada similar: los candidatos más votados se llevan el puesto.

Voto estratégico en el Senado

Los partidos presentan tantos candidatos en cada circunscripción como votos tienen los ciudadanos (no es obligatorio pero es lo óptimo). Normalmente la gente suele votar a todos los candidatos de un mismo partido aunque siempre hay diferencias: el primero de la lista de cada partido suele tener más votos que el segundo y éste más que el tercero. Los motivos son diversos: gente que no entiende bien cómo hay que votar y vota sólo a uno o dos candidatos y gente que reparte su voto entre varios partidos.

Tal y como es el sistema de voto del Senado lo normal es que en las provincias de 4 Senadores el partido más votado se lleve 3 Senadores y el segundo más votado 1 Senador. Es decir, el Senado es muy mayoritario, si hay un partido que es el más votado en la mayoría de las provincias suele tener una mayoría amplia.

Por tanto en estas elecciones el PP, que estará muy lejos de la mayoría absoluta en el Congreso de los diputados seguramente sí que la tenga en el Senado. Y recordemos que el PP se opone, en principio, a reformas constitucionales. Como hemos visto antes, sin una mayoría absoluta, de tres quintos o de dos tercios en el Senado (dependiendo del caso) es imposible aprobar una reforma constitucional.

Pero en estas elecciones se da un caso muy curioso. Las encuestas señalan que el PP, que será el partido más votado, lo hará con un 20-30% de los votos, un porcentaje muy bajo. Es por eso que en el Congreso no tendrá mayoría absoluta, pero en el Senado esto le vale para llevarse la mayoría amplia de los Senadores.

¿Cómo puede votarse estrategicamente en el Senado? Fácil, si los votantes de los partidos que van a quedar segundo, tercero y cuarto (que según las encuestas obtendrán entre un 15-20%) reparten sus votos entre los primeros candidatos de cada partido posiblemente los primeros candidatos de estos partidos tendrán más votos y podrían arrebatarle la mayoría de los Senadores. El otro día puse un ejemplo concreto que voy a ampliar aquí. Imaginemos una situación de voto en una provincia en la que se reparten cuatro escaños en la que los votantes deciden hacer como siempre y depositar su confianza a un único partido, es decir, poner sus tres votos a un único partido. En dicha provincia el PP obtiene 25% de los votos, el PSOE 20%, PODEMOS un 19% y CS un 15%. Por tanto el PP se llevaría tres Senadores y el PSOE uno. El resto de partidos se quedarían fuera.

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Ahora bien, imaginemos que los votantes del PSOE saben que su tercer candidato no tiene oportunidades de salir, y en cambio les gusta el primero de PODEMOS. Deciden así dar dos votos al PSOE y el tercero al primer candidato de PODEMOS. El resultado sería bastante raro, el PP seguiría con tres senadores y PODEMOS uno. El PSOE no lograría ningún Senador.

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Pensemos ahora en una estrategia más coordinada. Quizá por un mensaje de los partidos a sus bases, quizá por una toma de conciencia acerca del Senado, los votantes de PSOE y PODEMOS se coordinan. Los votantes del PSOE deciden votar a su primer y segundo candidato, pero el tercer voto se lo dan al primero de PODEMOS. Y en PODEMOS pasa lo mismo, deciden votar a su primer y segundo candidato pero el tercer voto se lo dan al PSOE. Ahora PSOE y PODEMOS tendrían un Senador cada uno, y el PP se quedaría únicamente con dos.

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Imaginemos ahora que los votantes de PSOE, PODEMOS y CS realmente lo que no quieren es que el PP se lleve tantos Senadores. Sabiendo que seguramente éste sea el partido más votado deciden repartir sus tres votos entre los primeros candidatos de PSOE, PODEMOS y CS. El resultado sería que cada partido se llevaría un Senador, robando dos Senadores al PP respecto a la intención de voto original.

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Como hemos visto votar estratégicamente puede variar sensiblemente el resultado de las elecciones en el Senado. Para hacerlo primero hay que mirar las encuestas de la provincia en la que residimos. Si el partido que va a ser el más votado es el que tenemos intención de votar entonces no hay que hacer nada raro: señalamos todos los candidatos de dicho partido. Si en cambio nuestro partido no es el que tiene mayor intención de voto y no queremos que el primer partido se lleve la mayoría de los Senadores lo estratégico es repartir nuestros votos entre varios partidos, señalando siempre a los primeros candidatos.

Las listas abiertas se prestan mucho a este tipo de estrategias y de hecho es uno de los motivos por los que mucha gente lleva pidiendo durante años listas abiertas para el Congreso, para no tener que votar exactamente lo que nos dice nuestro partido favorito. Sin embargo la mayoría de la gente no hace uso de estos votos estratégicos en el Senado, y es una pena porque con el sistema que tenemos el partido más votado está muy sobrerepresentado.